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Alberto Olmedo
El Manosanta, Borges, Rucucu,
Chiquito Reyes... En los 80, Olmedo pasó a la historia como ícono de la
picardía, la ternura y el reviente nacional.
Alberto Olmedo entendia su medio como nadie. Corrió, o más bien empujó los
límites de la ficción tirando abajo decorados, mostrando a los técnicos y las
instalaciones del canal; destrozó la magia de la televisión y la convirtió en un
festival de irreverencia y desacralización, un verdadero desborde pagano.
Infestado, claro
está, de las entonces mujeres más deseadas del país: la pantera negra Susana
Romero, la anìñada Adriana Brodsky, la leonina Beatriz Salomón y la estilizada
Silvia Pérez. Desbordado, el Olmedo de No toca botón parecía estar al límite:
excitado, brillante, veloz, quizá para siempre el mejor-sin duda el más intenso
cómico argentino. Daba risa, daba miedo: la sensación era de puro vértigo; en No
toca botón podía pasar cualquier cosa. Semejantes riesgos resultaban insólitos
en la tevé local, y en las oficinas del COMFER se sudaba sangre.
Todos los personajes de No toca botón son indelebles: Chiquito Reyes, perdedor
nato, siempre humillado; el pobre Roldán que cobraba 170 australes por mes
mientras resistía los embates de la esposa de John Patrick Bartolomiu temeroso
de perder su magro salario; Rucucu, mezcla de europeo del Este y rosarino;
Borges, que vivía de las apariencias sentado a la vera de su amigo Alvarez (el
gran Javier Portales); el Dictador de Costa Pobre, un miserable que sólo quería
retener el poder a cualquier precio; el farsante Manosanta, libidinoso y
frustrado al mismo tiempo.
No toca botón impuso no ya en la cultura televisìva, sino en el lenguaje
cotidiano argentino, frases que parecen haber estado siempre allí. "De acá",
gritaba el Dictador de Costa Pobre. "Eramos tan pobres", guiñaba Borges, y
estallaba la carcajada pícara. "Y si no me tienen fe...", ironizaba el
Manosanta. "Para sus personajes valia todo: el engaño, la hipocresía, la
mentira", escribía Alberto Quevedo, sociólogo especialista en Olmedo. "No
representan la ética del trabajo, del esfuerzo, de la moral pública ni del buen
ciudadano. Más bien se valen de lo que muchas veces se valen los hombres más
marginados de nuestra sociedad: del sentido de la oportunidad, de la picardía."
Durante su último año en el aire, No toca botón llegó a los 24 puntos de rating,
y su público mayoritario eran las clases medias y bajas. Donde todavía permanece
su culto.
AÑO 1
A ÑO 2
AÑO 3

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