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Alfredo Casero
Cha Cha Cha
Heredero del mejor absurdo, el ciclo
de Alfredo Casero revolucionó el humor en televisión con una mezcla de lisergia
rústica y guiños sin sentido.
Para quienes crecieron con un televisor como hermanito, el humor absurdo de Cha
cha cha representa una lógica del mundo virtual. Es la fragmentación del clip
que absorbe el sinsentido de la vida real. Pero no hay devaneos intelectuales en
escenas como "La familia Cubrepiletas" o "Telescuela técnica", ni en personajes
como el ministro Manhattan Ruiz, Manuk, Alakrán o Siddartha Kiwi. Son
composiciones no pensadas para la tevé. Nacen como actos teatrales, rompen las
previsiones. Y se masifican mediante la pantalla chica.
El suceso comienza cuando un grupo de actores fogueados en el under porteño de
los 80 llega para recrear escenas surgidas de asociaciones libres, tal como las
concebían al trajinar escenarios húmedos y oscuros como los del Parakultural. Lo
llaman De 1a cabeza (1993), y tiene un elenco que, depurado y liderado por
Casero, renace en Cha cha cha: Mex Urtizberea, Mariana Briski, Pablo Cedrón y
otros. El desparpajo actoral permite despojar al skecth del realismo
tradicional. Y convierte rápidamente al programa en objeto de culto. El
experimento se transforma en emblema.En los años siguientes, el programa armado
en un departamentito de la calle Esmeralda, donde los actores producían utilería
con cartulinas y papel glacé, adopta segundos nombres y una buena performance
técnica. En 1995 se emite en vivo Dancing en el Titanic. Y desata polémicas
cuando la Fundación Argentina del Mañana presiona para levantarlo, pues
considera que cierto sketch es "una grave ofensa moral. El acusado es "Todos
juntos en capilla", en el que el Peperino Pómoro de Fabio Alberti oficia un
formalmente ortodoxo cierre de transmisión. Peperino se va, pero, irreverente,
reaparece en 1996. Ese año, con El estigma del Dr. Uaporeso, se vuelve al
formato grabado. Su clip de apertura ("Bailando en la Sociedad Rural")
constituye una de las mejores piezas de humor en arte electrónico generada por
la tevé local. Y, cuando el programa todavía tiene mucho para dar, en 1997, con
La Parrilla de1 Xeñor, termina su ciclo vital. A Casero ya no se le permite
experimentar. Una pena. "Con el diez por ciento de esos (buenos) momentos, otros
actores cómicos han vivido años", escribe Tomás Abraham. Casero los discontinúa.
Lo potencia su creatividad, no el mercado. Y Cha cha cha resalta en
fosforescente cómo es hacer otra tevé
revista rolling stones
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